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Niño Jesús de Escuque

Atravesando océanos, mares y un lago que magnetizara a Alonso de Ojeda, el Niño Jesús arribó a un puerto que los nostálgicos por las leyendas de Hércules bautizaran como Gibraltar. Fue en tiempos de la Colonia y los que llegaron en ese barco saludado por los vientos marabinos, trayendo la imagen, formaban la familia Guánchez y Luceda.
Gibraltar constituía, en ese entonces, un importante centro comercial, donde corrían los decires que habían entierros de oro, tesoros ocultos y una floreciente economía, por lo que esa fama llegó hasta la isla Tortuga donde los bucaneros como príncipes que ondeaban banderas negras con calaveras, jugaban con los aires del Caribe.
Cuando el pirata francés L "Olonais. llega en 1666 a Gibraltar, la familia Guánchez toma monte adentro, atraviesa pantanos hasta tocar las frías cordilleras. Llegan a la vieja capital de la nación cuica, al pueblo de las plumas, donde como regalo maravilloso depositarán para siempre en esa tierra de nubes al Dulce Niño Jesús.
Dos años después, el primer milagro acontece, y es cuando el sanguinario Grammont, ante un invierno feroz con granizo y centellas, no toca al valle escuqueño, sino que desvía su ruta saqueando e incendiando a Trujillo.
Muy pocos se enteraron de esta historia, y por eso la imagen desde ese momento se hizo leyenda, misteriosa y sublime aparición. Y el Niño de mejillas color de rosas frescas, de rostro angelical, nacido bajo las sabias manos de un tallista anónimo, fue tomando una aureola donde refulgía la luz. el candor, la humildad y la esperanza.
El pueblo le fue amando con tanta devoción que lo hizo un hijo suyo, que le eclosionó en milagros, en padre y protector de la pequeña ciudad, en fraternal compañero.
Para rendirle tributo, testimonio colectivo de fe, se escogió un día esplendoroso de enero, el 14, para que Escuque se hinchara de colorido y amor a su Patrono.
No se sabe a ciencia cierta el origen de esa fiesta en ese día central, pero quizás fue porque casi a la mitad de ese mes friolento el Niño Jesús dejará marcado su piecesito en la piedra La Legua, o que camino a la llamada Horca contuviera con su mandador a las hordas de Venancio Pulgar, o por otros de sus milagros que traspasaron los limites de la tierra de nubes.
Lo tangible es que desde ese tiempo el Niño Jesús se convirtió en amansador de las lluvias y suavizador de los veranos, en mensajero del cielo, en caminante por los campos para el florecimiento de las cosechas, en bella invocación para alejar las epidemias, sanar a los infantes, y en guía y norte de la feligresía.
Así en los momentos difíciles, en las contiendas y luchas internas, caminaban los versos a la bondadosa imagen: ¡Oh Niño Jesús de Escuque con tu poder infinito, mete la mano divina en este pueblo bendito, para que salves a tus hijos, que se hallan en conflicto!
Desde entonces historia y leyenda se mezclan en él para la conjunción de una fe inquebrantable, porque ubíquese a los escuqueños en las posiciones o antagonismos más disímiles, en las diferentes creencias o análisis materialistas, el Niño Jesús despunta como tradición, cariño y amor, por sobre todas las cosas para ellos.

Fuente: Aquel Escuque Heroico y Florido Antonio Pérez Carmona


 

Niño Jesús de Escuque / José Gregorio Hernández / Vírgen de la Paz
 

 

 
 
 
 
 
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